¿Qué se siente al volar en parapente y en qué se diferencia de saltar en paracaídas?

Sin avión, sin caída libre, sin vacío en el estómago. Lo que nota el cuerpo durante un vuelo biplaza, segundo a segundo, comparado con un salto.

Por Sky Paragliding · Publicado el · 4 min de lectura

Quien busca un salto en paracaídas en Marruecos o cerca de Marrakech suele acabar en páginas de parapente, y es fácil mezclar las dos cosas. Ambas usan una vela de tela, pero para el pasajero apenas se parecen. Esto es lo que nota el cuerpo durante un vuelo biplaza, y en qué se diferencia de un salto. Lo aclaramos desde el principio: Sky Paragliding, cerca de Marrakech, solo ofrece parapente biplaza, y no organizamos saltos en paracaídas.

Parapente o paracaídas: la diferencia está en la salida

Un salto empieza saliendo de un avión. Después caes hasta que se abre el paracaídas, y en posición estable boca abajo se alcanzan unos 200 km/h. Esa caída y esa velocidad son lo que se va a buscar.

Un parapente sale del suelo, a pie, por una ladera con poca pendiente. El ala ya está inflada sobre ti antes de que tus pies dejen el terreno, así que te sostiene cuando el suelo se aleja. No hay ningún momento de caída. Es un planeador flexible sin motor, pensado para mantenerse en el aire y ganar altura en las térmicas, las columnas de aire caliente que suben cuando se calienta el suelo.

Parapente biplazaParacaídas
SalidaA pie, en una laderaDesde un avión
Caída libreNingunaSí, antes de la apertura
Sensación principalCalma, silencio, paisajeVelocidad, empuje del aire
PosiciónSentado en una sillaBoca abajo, luego colgado

Los diez primeros segundos: ruido y un tirón

El piloto levanta la vela detrás de ti. Se llena, tira de los hombros, y a partir de ahí es ella quien te sostiene. Das tres o cuatro pasos porque el suelo baja, y de pronto ya no está. Nadie ha saltado.

Esos primeros segundos son los más ruidosos del vuelo: la tela restalla, las líneas silban, se oye respirar al piloto. Te entrarán ganas de mirarte los pies. Mira al frente, es la única consigna que de verdad cuenta en ese momento. Si es tu primera vez, nuestra página sobre el bautismo de parapente en Marrakech repasa estos instantes y las dudas más habituales.

El momento de sentarse

El piloto tira de una cinta y pasas a estar sentado en la silla. No cuelgas de un arnés de escalada: vas en un asiento acolchado con respaldo, como en una tumbona. El ruido cesa de golpe, y ese silencio es lo que cuentan los pasajeros al bajar, más que la vista. Las manos pueden soltar los elevadores y empieza la conversación. El piloto va a treinta centímetros detrás de tu cabeza, así que habláis con normalidad, sin gritar.

Parapente biplaza amarillo y verde sobre las colinas de Aguergour
Desde la silla, el relieve pasa despacio: el suelo está demasiado lejos para dar sensación de velocidad.

¿Se nota la velocidad? ¿Da vacío en el estómago?

Planeando no se nota la velocidad, porque el suelo queda demasiado lejos para servir de referencia. Lo que se percibe es más bien lentitud, y quince minutos en el aire parecen cuatro o cinco.

El vacío en el estómago de una montaña rusa viene de una caída repentina, y un vuelo tranquilo no la tiene. Los giros cerrados son otra cosa: notas que te hunden en la silla y el balanceo hacia fuera, y a algunas personas les afecta. Por defecto el vuelo es recto y tranquilo. El piloto solo hace maniobras si se lo pides y las condiciones lo permiten, y eso se decide entre los dos, en el aire, nunca por sorpresa. Si te encuentras mal, dilo: vuela recto, deja de girar y va por el camino más directo al aterrizaje.

Volar en parapente con vértigo

El vértigo necesita una referencia fija muy cercana: el borde de un balcón, una escalera, una pared que cae. En vuelo no existe, y la sensación desaparece casi siempre en el primer minuto. Los nervios suelen llegar antes del despegue, mientras te ajustan el arnés, extienden la vela y miras la ladera. No podemos prometerte que no tendrás miedo. Sí podemos decirte dónde suele estar ese miedo, y que nada te obliga a salir una vez arriba.

El frío y el aterrizaje

En vuelo hace bastante más fresco que en el despegue, incluso en verano. Una chaqueta fina lo cambia todo, sobre todo para las manos.

En la aproximación, el piloto avisa, sacas las piernas hacia delante y el campo se acerca más despacio de lo que parece. Se aterriza caminando. Nuestra página de vuelo en tándem en Marrakech describe este momento y lo anterior, y la excursión completa, carretera incluida, está en el relato de una mañana de vuelo paso a paso.

Lo que no tienes que hacer y lo que conviene tener presente

El pasajero no tiene nada que hacer ni mandos que sujetar. Lo que hagas desde la plaza delantera no influye en la trayectoria, y a muchos eso les tranquiliza. No cambia la naturaleza de la actividad: el parapente sigue siendo un deporte aéreo que depende del viento y del criterio del piloto, y ninguna supervisión elimina todo riesgo. Avísanos si tienes algún problema cardíaco, la espalda delicada, un embarazo o una operación reciente, para decidirlo juntos antes de subir.

Ya sentado en la silla, la mirada se levanta enseguida. Lo que encuentra, el lago, los pueblos y las crestas, tiene su propio artículo: el paisaje visto desde el ala.

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